Mi historia

por Rainer Torrado Amo,
fundador de la galería virtual 2020 Año Cero

Nací en Madrid, hijo único de un profesor de instituto y de una funcionaria que siguen casados hoy. Mi infancia fue solitaria y no conoció sobresaltos, una sucesión de años de colegio puntuada por veranos junto al océano Atlántico, en las costas gallegas

Pronto encontré compañía en los libros. Leía sin descanso historias a menudo complejas o inapropiadas para mi edad. Mis notas eran impecables. Aunque no siempre era un buen alumno: cuando nuestra profesora nos pidió escoger un tema que nos interesara para exponerlo a nuestros compañeros, yo decidí hablar del virus Ébola. Con 12 años. Pido disculpas a los alumnos que haya podido traumatizar. Mi curiosidad no conoce límites y morir desangrado por todos los orificios de tu cuerpo (los pezones de los hombres incluidos) no es una visión fácil de contemplar para nadie, tengas la edad que tengas

Verano de 2001. Tenía 18 años y estaba en clase, Historia de la Arquitectura, cuando me enteré de que las Torres Gemelas de Nueva York habían sido destruidas por aviones. El profesor nos hablaba con lágrimas en los ojos. Yo acababa de entrar en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid y nosotros, los estudiantes, tuvimos la sensación de que las lágrimas del profesor se debían a la visión de destrucción de un hito arquitectónico. Esto demuestra que los arquitectos también tienen sentimientos. (Más tarde aprendí que Minoru Yamasaki, arquitecto que diseñó las Torres Gemelas originales, padecía vértigo. Su miedo a las alturas le llevó a doblar el perímetro estructural de acero de su diseño, salvando vidas mientras la estructura de las torres resistía valiosísimos minutos de más antes de ceder al colapso. Importante lección)

La Facultad de Arquitectura de Delft estaba entre los destinos preferidos por los mejores estudiantes para pasar un año estudiando fuera de Madrid. Pedí mi beca, pasé un par de entrevistas y cambié de idea en el último minuto. Pasando de Delft. Solicité plaza para París también, y aprendería francés. Dominar una nueva lengua mejoraría mi futuro curriculum y lo haría más interesante en cualquier ámbito, no sólo entre arquitectos. El francés es ahora mi tercera lengua y tiene un valor inestimable: me ha servido para comunicar con muchísimas personas, también con dos parejas que he tenido. En ocasiones no logro comprender a mis semejantes. Dominar varias lenguas es un buen remedio contra la alienación

Con 21 años descubrí París y descubrí el amor. Hice amistades leales. Y di los primeros pasos para convertirme en fotógrafo. Fui autodidacta. La mayor parte de mi año estudiando fuera lo pasé tomando fotos con mi primera cámara digital, pequeña y modesta. Comencé a perder la noción del tiempo trabajando en mis imágenes. Gasté dinero en imprimir álbumes de fotos en una época en la que las fotos impresas ya eran símbolo de un pasado que se desvanecía

Mi año estudiando fuera acabó y regresé a Madrid a terminar mis estudios. Cosa que hice. Y siguiendo a mi corazón, volví a París. Obtener mi título de arquitecto y encontrar trabajo en un estudio de arquitectura parisino sucedió casi al mismo tiempo, pero no pude aguantar las horas plomizas pasadas delante de una pantalla haciendo dibujos con ayuda de un ordenador. Dejé mi puesto, y esa fue la única vez que he decidido de manera consciente no comprometerme con un trabajo

Fue entonces cuando me comprometí con la vida que deseaba llevar

Me convertí en fotógrafo a los 27 años. La casa de moda de Jean Paul Gaultier fue mi primer cliente. Pronto me vi trabajando para otros diseñadores, conocidos y por conocer, mientras las revistas de moda publicaban en sus páginas retratos realizados por mí (o retratos de mí). Y empecé a viajar por trabajo, con gastos a cargo de mis clientes

Tenía 30 años cuando me enamoré de una ciudad por primera vez : no hay otro lugar en el mundo que sea como Hong Kong. Era el año 2013 y desde entonces he visitado Hong Kong a menudo. Allí trabajé con una agencia de producción, concibiendo y fotografiando campañas de estética minimalista para marcas internacionales e instituciones locales. Hong Kong se convertiría para mí en dim sum para desayunar y en amistades para toda la vida. Esta ciudad además me ha inspirado un proyecto fotográfico muy especial: documentar la desaparición de los neones luminosos de Hong Kong usando un punto de vista completamente nuevo. Un hallazgo así no habría sido posible sin la ayuda de buenos amigos y el generoso consejo de un mentor: gracias, Wing

No es habitual para un fotógrafo que ya está establecido dedicarse a fotografiar eventos o fiestas. Y eso fue exactamente lo que comencé a hacer a mis 34 años. Ya no estaba en la veintena, había retratado a las personalidades más diversas de la industria de la moda, el arte y el entretenimiento (a las redactoras jefe, las estrellas de cine, los diseñadores de moda, a los músicos, a los artistas y a sus modelos, a caras nuevas y a musas de renombre…)

… y ahí estaba yo, tomando fotos de fiestas de maricas con un contrato verbal de 6 meses por un salario ridículo. Me había enamorado de nuevo y los promotores de las fiestas para los que trabajaba apreciaban mis imágenes. Tomar fotos en esos ambientes fue una experiencia liberadora. Volví a trabajar como un fotógrafo con todo por descubrir y sin nada con lo que cargar, sin plazos, producciones o post producciones, exigencias habituales de la fotografía comercial. El amor se transformó en dolor y en una noche de fiesta y fotos yo encontré mi voz como fotógrafo nocturno. Esa voz pronto se convirtió en una cuenta instagram, @generationxxy, y en más trabajo de noche para más clientes. La prensa se interesó de nuevo por mí y mis fotos acabaron en tres exposiciones el año pasado: dos colectivas (una en París, otra en Hong Kong) y una exposición individual en Madrid, en la Escuela de Arquitectura en la que había estudiado. Salí de allí arquitecto y regresé como fotógrafo. Pero ninguno de estos logros hizo mi vida más sencilla

Hoy, mientras escribo esto, estoy en un lugar más feliz. Meditar me ayuda. Y estoy aprendiendo mi cuarto idioma: Italiano. ¿O debería decir quinto? Porque todo el mundo sabe hablar con emoticonos, ¿no? Además también sé leer señales de tráfico

El año 2020 comenzó para mí y para millones de personas con trabajos anulados y una cuarentena impuesta por el gobierno (en Francia, del 17 de marzo al 11 de mayo) El primer confinamiento francés del siglo 21 apenas ha terminado y espero que otros más no sean necesarios. Hace más de tres meses desde mi último encargo para un cliente, pero me mantengo gracias a la venta de mis fotografías. Almas generosas están coleccionando mis impresiones, apoyando mi arte y ayudándome a ayudar a otros, gracias a la venta solidaria de mis fotografías fruto del encierro

Reflexionar sobre la muerte, la pérdida, el colapso ecológico y social ha sido siempre una parte importante de mi vida interior. La epidemia actual solamente ha hecho que mis preocupaciones parezcan más reales, más justificadas. Pero también entiendo que son experiencias inherentes a la condición humana. Y lo acepto. Ahora, escribiendo esto, me siento en paz con mis 37 años de vida en este planeta

¿He aprendido algo?

Formado como arquitecto, trabajo con rigor intelectual. Como fotógrafo, vivo con pasión. Cuando uso una cámara, conecto con el otro empleando un nuevo lenguaje, en modos que las palabras no permiten. La cámara es también una ventana hacia mi interior. Al fin he comprendido que la mejor validación viene de mi interior

Rara vez me siento solo. En ocasiones vuelvo a tener 12 años, leyendo con avidez sobre Sapiens, sobre Sócrates o sobre gérmenes. Encuentro consuelo en saber que la historia entera de la vida en la Tierra, su aparición y toda su evolución, se encuentra en un libro muy singular. Ese libro se llama ADN, nuestros cuerpos tienen muchas copias disponibles. Es el libro más antiguo conocido por la humanidad: escrito con cuatro letras, cuenta una historia que ya dura 3.500 millones de años

Sé que voy a morir. No ahora, algún día. Toda la gente que conozco morirá también. Hasta la gente que no conozco morirá. Y eso te incluye a ti, lector anónimo. Pero no es necesario vivir con miedo. También esto pasará


Rainer Torrado Amo es artista. Trabaja en Roma, Italia, su nuevo hogar al que se ha mudado recientemente